Psicoterapia Feminista

¿A qué nos referimos?

En los procesos terapéuticos es especialmente importante proporcionar un marco “interpretativo” lo suficientemente amplio y comprometido con el sufrimiento de las personas.

Los feminismos, con sus teorías y prácticas, contribuyen a establecer una mirada más amplia e inclusiva de las subjetividades. Dentro de la psicología y la práctica terapéutica, la perspectiva feminista, ha hecho visible lo invisible, nombrando hechos y situaciones hasta el momento ignorados y/o naturalizados. Dicha perspectiva ha ayudado a comprender que muchas problemáticas se describen  como naturales pero son producto de un continuo interactuar con el medio en el que estamos insertas las personas.

Sabemos que las intuiciones sin concepto son ciegas, se trivializan y se dispersan como insignificantes. Nombrar determinados hechos los hace visibles, reconocibles y, en algunos casos, incluso permite su existencia. En ocasiones estamos delante de personas que están buscando palabras para nombrar su dolor. Es nuestra tarea y nuestro compromiso apoyar la búsqueda de sentido para aquellos dolores que no son legitimados socialmente porque se establecen al margen de un universo teórico que puede impedir el crecimiento de las personas o cronificar su sufrimiento.

Reconocer, entender y hacernos cargo de nuestros malestares implica encontrar la capacidad para expresarlos, a través del lenguaje fundamentalmente, aunque también, y de una manera primaria, a través del propio cuerpo. Para que ello sea posible ha de darse en un espacio basado en el reconocimiento[1] y la legitimidad...

¿Qué aporta nuestra perspectiva feminista a la psicoterapia?

El feminismo, tal y como lo entendemos, aporta a la psicoterapia una mirada amplia y flexible de la concepción de sujeto y de la realidad social. Entendemos las subjetividades en interjuego permanente con la sociedad, por tanto, no podemos leer la una sin la otra. De esta forma, nuestra mirada, aporta un marco interpretativo amplio en la comprensión de las situaciones, problemáticas y elecciones subjetivas de las personas, así como también, una mirada crítica de la sociedad y de las formas de relaciones humanas establecidas.

  • En el contexto social, reconocemos la existencia de diversos mecanismos de opresión que ejercen dominación de forma interseccional, según la condición de sexo, raza, clase, género, sexualidades, etnia, edad, etc., de cada persona. Estas estructuras históricas de dominación implican que las personas no cuenten con la misma legitimidad política, los mismos privilegios, los mismos derechos de ciudadanía, las mismas posibilidades de elección, etc.
  • Lo personal es político. Las identidades se construyen a través de la definición categorizada de personas, grupos o colectivos, creadas por el sistema social. Estas categorizaciones identitarias construyen subjetividad lo que nos permite reconocernos e interpretar el mundo en el que vivimos, aunque se establecen a través de jerarquías y, en esta medida, pueden también invisibilizar la diversidad individual.
  • La correspondencia entre el sexo, el género y la orientación del deseo sexual es una construcción social. Esta construcción al establecerse como “natural” coarta el desarrollo personal de todas las personas y legitima una forma única de pensar, sentir y hacer como hombres y mujeres. Quienes no se identifican con esas categorías cerradas son personas patologizadas y excluidas.
  • No hay una ciencia objetiva y hasta ahora el androcentrismo está presente en ella, al igual que en la psicología y en las distintas corrientes psicoterapéuticas. En consecuencia, la consideración de patologías o normalidades son construcciones sociales, que es necesario relativizar.
  • Las teorizaciones de las identidades de género permiten entender algunos aspectos de la realidad de las personas, aunque mayoritariamente están establecidas desde la lógica del dualismo. Son por tanto un arma de doble filo, sirven para entender algunas realidades psíquicas pero si son tomadas acríticamente impiden ver las diferentes construcciones identitarias que se escapan a las categorías homogéneas de mujer y hombre.
  • Las teorías sobre los mecanismos psíquicos del poder[2], con influencia del psicoanálisis, aportan la posibilidad de entender la construcción identitaria como un proceso, no solo de sujeción necesaria, sino también de elección activa. Los conceptos de identificación / alienación son básicos en los procesos terapéuticos.

Desde nuestro punto de vista, es importante, en la terapia, tener en cuenta estos aspectos para contribuir a cuestionar los malestares psíquicos producto de las jerarquías sociales..


[1] Usamos el término “reconocimiento” en el sentido que Jessica Benjamín le otorga para referirse a las relaciones terapéuticas.

[2] Desarrolladas por Judith Butler.